El Medio Ambiente se resiste a los cultivos transgénicos.

 Un investigador de la Universidad del Estado de Iowa, Aaron Gassmann, dio a conocer un estudio que reporta que en cuatro campos del noreste de Iowa, los gusanos de raíz (o alfilerillo) han evolucionado hasta resistir el plaguicida que se ha incluido en la planta de maíz transgénico de Monsanto.

 La información publicada en uno de los más reconocidos diarios en Estados Unidos, principal productor de transgénicos en el mundo, pone en evidencia lo incierta e impredecible que resulta la tecnología de los transgénicos.

“Por supuesto la empresa, dueña de la patente, niega que dicho suceso sea una problemática que tenga que ser tomada en cuenta. Sin embargo, las fallas de los cultivos transgénicos están más que demostradas y han ocasionado graves pérdidas económicas para los productores y han comenzado a impactar negativamente en la biodiversidad”, denunció Aleira Lara, coordinadora de la campaña de agricultura sustentable y transgénicos de Greenpeace.

Debido a que los cultivos se encuentran amenazados no sólo por una, sino por numerosas especies de plagas, los cultivos transgénicos, creados para combatir una plaga específica, no pueden hacer frente a las amenazas al cultivo planteada por la diversidad de insectos. Una de las principales plagas en una región puede ser motivo de poca preocupación en otro lado, y viceversa.

Por ejemplo, el algodón transgénico Bt, que extermina orugas (Helicopyera) ha sucumbido ante un género relacionado, el gusano soldado (Spodoptera) en Colombia. Incluso si se tiene éxito al controlar la plaga objetivo, otras plagas (llamadas secundarias) pueden surgir como amenazas más prominentes para las plantas causando, además de pérdidas, la necesidad de aplicar plaguicidas adicionales.

Antes de la llegada de los cultivos transgénicos “resistente a plagas”, los agricultores de EE.UU. tenían la práctica de rotación de cultivos, especialmente entre maíz y soya, de manera que las crías de los insectos que se alimentaban de maíz se morían de hambre al año siguiente. Actualmente, en aras de satisfacer las necesidades de producción de etanol, a través de incentivos gubernamentales, la producción de maíz transgénico ha desplazado a otros cultivos ocasionando la resistencia de plagas.

“En nuestro país no se ha autorizado la siembra comercial de maíz transgénico y no necesitamos más evidencias para aceptar que no hay ninguna buena razón para que el gobierno mexicano promueva su siembra. Los impactos ecológicos, sociales y económicos bastan por sí mismos para rechazar este tipo de tecnología riesgosa”, concluyó Lara.

Fuente: Greenpeace.com
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