Cambio climático y agricultura en México

Las evidencias científicas indican que el cambio climático, acelerado por las emisiones de gases efecto invernadero de origen humano, ya ocasiona degradación de los ecosistemas y de los servicios ambientales que ellos proveen.

Según los analistas del fenómeno, cada vez tendremos climas más extremosos y fenómenos meteorológicos más intensos. En general, los veranos serán más cálidos y los patrones de las lluvias se modificarán, lo que dará lugar a una variación en la frecuencia de sequías e inundaciones.

En el caso de México, el quinto país más biodiverso, se prevé una variación en la disponibilidad de agua y cambios en los patrones de lluvia y sequía que afectarían la estabilidad de especies animales y vegetales.

La agricultura es una de las actividades que contribuye directamente al cambio climático. Alrededor de 25% del principal gas que produce el efecto invernadero, el bióxido de carbono, procede de la agricultura.

Por otro lado, también es uno de los sectores que más lo resienten. El Banco Mundial asegura que en México el cambio climático amenaza con llevar a un pérdida de hasta 85% de las explotaciones agrícolas. Además, se espera un aumento de temperatura promedio en el país de entre 2 y 5 grados de aquí a final de siglo, por lo que si no se emplean nuevas tecnologías agropecuarias es posible que entre 30 y 85 % de los agricultores pierda el 100% de su producción.

En México se siembran entre 22 y 25 millones de hectáreas, de las cuales 6.5 millones son de riego, lo que lo ubica en el sexto lugar a nivel mundial en irrigación. Cerca de 80% del agua que se consume en el país es para riego y 40% de ésta se extrae de pozos. Lo trágico es que casi dos terceras partes de esta agua se desperdician.

La energía eléctrica para el bombeo de agua está subsidiada y sin este subsidio no sería económicamente viable extraer la cantidad que se bombea actualmente.

Los subsidios han ocasionado desperdicio: “como no me cuesta mucho bombeo agua, y como ya la pagué no importa si la desperdicio”. Esto hace que se planten cultivos de alta demanda de agua donde no la hay, con la consecuente sobreexplotación de acuíferos. El subsidio a la electricidad para el bombeo y el bajo precio del agua para uso agrícola envían señales erróneas, pues propician el desperdicio y desalientan el racionamiento.

Estos subsidios a la producción desvían los recursos de donde podrían ser más productivos. Habría que pensar en sustituir los subsidios por apoyos directos a los agricultores, como créditos accesibles para tecnificar el riego o para fomentar la captura y almacenamiento de agua de lluvia. Esto propiciaría la diversificación de la producción y reduciría la presión sobre los acuíferos.

Hace falta garantizar el suministro de agua para todos los sectores económicos y una fuente importante de abastecimiento podría generarse por los ahorros del sector agrícola. Si los agricultores tuvieran acceso a sistemas de financiamiento podrían tecnificar el riego de sus parcelas y ahorrar volúmenes considerables de agua.

Fuente: agua.org.mx 

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