La agricultura, esencial para la protección de especies amenazadas

 El estudio advierte de que numerosas especies, en lugar de utilizar tierras agrícolas para complementar su hábitat natural, serían conducidas a la extinción sin estas tierras. Especies como el Ibis de hombros blancos en Camboya, la avefría sociable en Kazajstán o la alondra de Liben en Etiopía dependen de la población local y su agricultura. Leer el resto de esta entrada »


Presencia y uso de biofertilizantes en la agricultura de México

La variación de precios del hidrocarburo incide en la de los productos agrícolas.

Texcoco, México.- (Texcoco Mass Media).- La llamada Revolución Verde se caracterizó por el auge en la productividad agrícola en todo el mundo, y especialmente en los países en desarrollo como México. A partir de ello, se logró aumentar el rendimiento de ciertos cultivos de gran importancia, entre los que figuran el maíz, trigo y arroz.
Ese incremento se debió en parte por la aplicación de fertilizantes químicos a base de nitrógeno y fósforo, así como el uso controles de plagas. No obstante, la necesidad de aplicar tales agroquímicos para elevar la producción de alimentos ha sido cuestionada al paso del tiempo, debido a los elevados precios y el impacto ecológico que conllevan.
Los costos que llegan a alcanzar los fertilizantes minerales se deben en gran parte al uso de petróleo y sus derivados en el proceso de fabricación, de modo que la variación de precios del hidrocarburo incide en la de los productos agrícolas.
Por su parte, el impacto ecológico de los fertilizantes químicos se refleja en la contaminación del ambiente, tanto del suelo como de los ríos y mares.
Ante esa situación, una de las alternativas para la producción de alimentos se ha encontrado en el uso de los biofertilizantes, los cuales han ganado gran popularidad en México, donde el avance en su desarrollo y aplicación en cultivos de cereales, principalmente en el maíz, es destacado.
Los biofertilizantes se caracterizan por la presencia de microorganismos vivos que no causan daño o enfermedad al hombre, a los animales ni a las plantas. Pueden emplearse bacterias u hongos microscópicos, llamados micorrízicos, que se asocian en forma natural con las raíces de las plantas, beneficiando su crecimiento y el rendimiento de los cultivos.
Los microorganismos contribuyen con el crecimiento de las plantas y el rendimiento de los cultivos, pero para que éstos sean beneficiados es indispensable que las bacterias u hongos se encuentren vivos. El biofertilizante debe contener varios millones de bacterias por gramo de soporte sólido o por mililitro, en caso de ser acuoso. Una vez que la semilla germina y las raíces empiezan a desarrollarse, las bacterias se multiplicarán y colonizarán la superficie de las raíces y promoverán el crecimiento de las plantas.
Sin embargo, los biofertilizantes también tienen desventajas frente a su contraparte química. Por ejemplo, el limitado tiempo de almacenamiento que es de alrededor de 3 a 6 meses, pues muchos microorganismos no soportan un almacenamiento prolongado, y el número que sobrevive no es suficiente para producir los efectos benéficos sobre el crecimiento de las plantas. Otra desventaja es que la respuesta sobre el crecimiento de las plantas y el rendimiento de la cosecha es variable, dependiendo del cultivo.
En el caso de los inoculantes microbianos se conoce que es necesario hacer una estricta selección de las mejores bacterias u hongos que promuevan el crecimiento vegetal y el rendimiento de los cultivos. Por ejemplo, los biofertilizantes desarrollados en la UNAM a base de las bacterias Azospirillum aplicados en cultivos de cereales y Rhizobium en frijol, son productos de años de investigación básica y aplicada, seleccionando los mejores individuos, llamados cepas, de estas especies de bacterias y evaluando su efecto en diferentes variedades y cultivos agrícolas, así como en suelos y climas muy diversos.
En México, el uso extensivo de los biofertilizantes para cereales, principalmente maíz, es relativamente reciente. A pesar de que no existen registros estrictos sobre la cantidad de hectáreas beneficiadas con la aplicación de estos productos, principalmente a base de Azospirillum en el maíz, se estima que su rebasa los 2.5 millones de hectáreas.
Los resultados de la inoculación de maíces criollos y variedades comerciales con un biofertilizante a base de la bacteria Azospirillum, y sin la aplicación de fertilizantes minerales, han mostrado efectos benéficos consistentes sobre el rendimiento del cultivo en el 95 por ciento de las evaluaciones realizadas en más de 100 localidades de diferentes estados de México. La inoculación de maíz y otros cereales con cepas de Azospirillum seleccionadas también permite reducir hasta la mitad el uso de los fertilizantes minerales de nitrógeno, fósforo y potasio, sin que disminuya el rendimiento del cultivo.
El interés por el uso de los biofertilizantes ha captado el interés de algunos gobiernos estatales y del titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación. Empero, ante la creciente popularidad de los biofertilizantes, la certificación de éstos por personal altamente calificado es requisito indispensable e inaplazable, y así evitar que el engaño acabe con una alternativa agrícola en desarrollo.
En resumen, los biofertilizantes son una alternativa biotecnológica que emplea la biodiversidad microbiana existente en nuestro planeta, que pueden contribuir a lograr una agricultura sustentable y no contaminante del ambiente.
Dr. Jesús Caballero, Investigador y jefe del Grupo de Microbiología del Suelo y Agrícola, y del Programa de Ecología Genómica en el Centro Ciencias Genómicas, UNAM.

Fuente: www.infoagronomo.com


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